Dos caras de la publicidad en Barquisimeto

Cuadrado artículo martes

Si James Walter Thompson, Leo Burnett o David Ogilvy hubieran sabido que sus nombres se convertirían en referencias globales de la buena publicidad, tal vez se hubieran esforzado menos, pensando quizás en el futuro brillante que les esperaba; sin embargo, la conformidad no es nunca una cualidad nativa de un publicista; ni la conformidad, ni la necesidad del aplauso exterior. Así que seguramente, estos hombres hubieran seguido adelante, con la misma pasión con la que levantaron las marcas que alguna vez manejaron y esa audacia, esa necesidad inagotable de desafíos, de vivir nuevas experiencias en la piel de otros, esa fortaleza que tienen los buenos publicistas, igual hubiera dejado como resultado su huella, imperturbable hasta hoy.

La publicidad, como toda profesión moderna, tiene una cara luminosa y una cara oscura; la primera se hace visible en el trabajo de esos profesionales tenaces que hacen del contratiempo su fuente de energía; que producen a partir de la inspiración, es decir, con la consciencia de que la creatividad no es espontánea, pero si original y que comprenden el valor que tiene la verdad: son honestos, siempre transparentes y de ser necesario, hasta implacables (esto a veces es duro para cualquier cliente que no busque más que le den la razón).

La cara oscura, casi siempre se muestra cuando un publicista se confunde y se vuelve una especie de quincalla ambulante; un tarantín que ofrece más de lo que sabe o lo que puede dar; casi siempre es impuntual, se agota haciendo de todo y al final nada hace y frecuentemente plagia, imita, no se inspira; suele ser una persona poco transparente, evasiva y casi siempre falsa, prefiere darle la razón al cliente o sazonarle la píldora con tal de conseguir lo que quiere, aunque es difícil descubrir cuáles son sus intereses reales.

En Barquisimeto, como en todas las ciudades del mundo, hay publicistas de toda clase; hay los que compiten por precio, los que buscan destacarse en la calidad de lo que producen, otros se enfocan en la atención que dan a sus clientes, algunos intentan vender la imagen de despreocupados, otros la de “creativos”, los más, de empresarios preocupados, pero hay un sustrato, de cazadores de oportunidades, personajes turbios que andan al margen, buscando al incauto que ceda a sus escuetos encantamientos.

Esos, publicistas equivocados, por decir lo menos, causan un gran daño al gremio local; pues si bien es cierto que existen en otras ciudades, en esta, la reducida demografía, agiganta su impacto, y el trabajo de los buenos publicistas o mejor dicho, de los publicistas de buenas intenciones, puede verse frustrado.

De ahí que sea imprescindible construir un nombre que signifique prestigio, antes que fama. Es más importante para el publicista honesto, que sabe que puede fallar, pero que es responsable y su única ambición es la de llevar a sus clientes al éxito, trabajar para ser prestigioso, es decir, que lo conozcan bien quienes deben hacerlo, porque ya son prestigiosos; que buscar por cualquier medio la fama, el reconocimiento de medio mundo.

Al final del día, cuando dos publicistas van a dormir, el que puede hacerlo en el horario habitual, despreocupado, para dedicarse quizás a cultivar alguna actividad de su gusto; el que puede darse un fin de semana relajado, quien se relaciona bien con sus amigos, y tiene tiempo para la familia, es aquél cuyo nombre será fuente de inspiración en el futuro; el otro, ajetreado innecesariamente, agotado mentalmente, dependiente de un trabajo que siempre requiere más horas de las que tiene un día, terminará por consumirse y pasará al olvido.

Andres Cordoves

@El_Cordoves

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Amante de la ciudad, Publicista, Escritor y Foodie Pasteurizado. Director de Inteligencia de El Bar Creativo
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